viernes, 20 de febrero de 2015

El bosque del miedo



 Capítulo 1


Morgane


Se apagó la luz y la oscuridad se apoderó de la pequeña habitación. Se extendió lentamente, devorando poco a poco a su paso el mundo real, dejando sólo un inmenso agujero negro en su lugar. Entonces, despertaron lentamente las criaturas de la noche que hasta entonces permanecían calladas, agazapadas en la oscuridad. Primero, emergieron de la negrura dos ojos terroríficos que brillaban como ascuas. Luego se encendieron otros  más pequeños en todas las paredes, y, a medida que iban apareciendo, todos ellos se fueron acercando peligrosamente a la cama de Joël.  Entonces, cuando las tuvo muy cerca, se dio cuenta de que detrás de esos ojos había caras, caras grotescas y deformadas que gruñían y enseñaban unos dientes terriblemente afilados. Miró entorno a así, y constató consternado, que estaba completamente rodeado. Paralizado por el pánico, Joël apenas podía respirar, abría la boca para chillar, pero ningún sonido salía de su boca. Mientras tanto, la cara más grande estaba ya muy cerca, a punto de engullirle.
“No existen”, pensó desesperado, “nada de eso es real”. Pero cuando de repente  sintió en su rostro el fétido aliento de los monstruos, no pudo resistir el pánico y un grito ahogado se escapó de sus labios.
─¿Qué te pasa? ─pregunto una voz familiar, mientras encendía la luz─, ¿no puedes dormir?
Joël no contestó, estaba tan asustado que no podía articular palabra.
─¿Qué ocurre Joël? ¿Todo va bien? ─preguntó su madre sentándose en el borde de la cama.
Joël tardó unos instantes en contestarle y en reaccionar. Se había quedado acurrucado en el fondo de la cama, completamente tapado por las mantas. Sólo se veía de él lo que salía de las sábanas, sus  rizos pelirrojos alborotados, su cara llena de pecas  y sus ojos, dos grandes ojos verdes, tristes y asustados.
─¿De qué tienes miedo?
─No tengo miedo ─ balbuceó avergonzado.
Su madre suspiró profundamente, desolada de no saber cómo ayudarle. Sabía muy bien lo mal que lo estaba pasando, y lo difícil que le resultaba esta fase que estaba atravesando. Sabía perfectamente lo que le pasaba, pero eso no bastaba. Recordaba incluso otros tiempos bastante lejanos, en que ella también, a su misma edad, veía llegar con terror la noche. En aquel entonces, intentaba ganar tiempo para retrasar el momento de quedarse sola, frente a las criaturas monstruosas que poblaban su imaginación.
─¿Es por la oscuridad? ─preguntó de repente, intentando adoptar una voz despreocupada.
Joël no contestó, y desvió la mirada, sabiéndose descubierto.
─A mí me lo puedes contar, no me burlaré de ti.
Su madre continuó hablándole, a pesar de su silencio.
─¿Qué crees que puede ocurrirte por la noche? Estás en casa, las ventanas y la puerta están cerradas, tu padre y yo estamos muy cerca y nadie te puede hacer daño. ¿Hay algo especial que te preocupe?
No era la primera vez que le hacía esta pregunta, y hasta ahora, no había conseguido nunca que se dignara a contestarle. Sin embargo y sin razón aparente, Joël la miró, y  cuando menos se lo esperaba, rompió su silencio. y por primera vez le abrió su corazón.
─No solo es la oscuridad, son muchas cosas.
─¿Por qué no me las cuentas?
Joël la miró, tragó saliva, y empezó a hablar.
─Cuando estás conmigo, no tengo miedo ─comenzó en voz baja─, sé que todo va bien. Pero cuando se apaga la luz y me quedo solo, cuando todo está oscuro, empiezo a oír ruidos.
─¿Cómo son estos ruidos?
─Son crujidos extraños,  también oigo gemidos y suspiros. Intento no prestarles atención, pero es imposible. Continúan, cada vez más fuertes, y si cierro los ojos, aparecen las caras.
─¿Qué clase de caras?
─Caras que me hacen muecas, caras de viejos que se retuercen y lloran como si sintieran dolor. Son asquerosas. Además, todo lo que veo es de un extraño color amarillo como en las fotos viejas. No me atrevo a mirarlas, porque siento que me llaman, y tengo miedo de que me vayan a llevar con ellas, no sé… en su universo.
Joël se detuvo, y la miró. Estaba, rojo de nervios y confusión, sus manos temblaban y su rostro estaba empapado en sudor.
─Cuéntame más, no te dé vergüenza ─le animó su madre─. Yo también he sido pequeña  y aunque te resulte difícil de creer, he pasado miedo a tu misma edad. Dime, estas caras que ves, ¿de dónde salen? ¿Sabes quiénes son ellos?
─No sé quiénes son, pero siempre vuelven. Cuando me acuesto, aunque este muy cansado, no consigo dormirme porque me pongo a pensar. Empiezo a ponerme nervioso y respiro cada vez más deprisa. Llega un momento en que me cuesta, tengo el corazón que va muy de prisa y me pongo a sudar. Empiezo a pensar en cosas extrañas y veo imágenes feas y malas, como las caras deformadas de los ancianos. Empieza otro mundo, el mundo de la noche.
─¿Qué quieres decir con eso?
─Tengo la impresión de que cuando se va la luz y termina el día, empieza otro mundo diferente, hecho de noche y de bichos invisibles. Aparecen de repente en mi habitación, siento que me rozan, me tocan el pelo, y aunque tenga ganas de ir al baño, no me atrevo a levantarme. Estoy seguro que si pusiera el pie en el suelo, me agarrarían y se me llevarían.
─Hacia dónde?
─Hacia otra dimensión, otro mundo, su mundo de tinieblas. ¿Te acuerdas de la película en que había un niño atrapado en una televisión?
Su madre intentó no sonreír para no herir sus sentimientos y le contestó:
─Sí me acuerdo, pero como has dicho, era una película, nada más. Deja que te pregunte una cosa, ya que me hablas de misterios, de otras dimensiones, de monstruos y de misterios... ¿crees en la magia?
Joel la miró con una expresión incrédula y abrió la boca para responder, pero no consiguió emitir sonido alguno. Su madre hablándole de magia…esto sí que era algo extraño. Después de reflexionar unos instantes, articuló:
─¿Te refieres a la magia como en los libros de Harry Potter? A las brujas que vuelan con escobas a la luz de la luna, a los cuentos de hadas?
─Hay muchas clases de magia, aunque en general, no son tan espectaculares como las que me cuentas, pero sí me refiero a hacer cosas que se salen de lo normal, que nada tienen que ver con las cosas de cada día, a ver, oír y hablar de forma diferente, a tener poder y conseguir vencer los obstáculos, usándolo.
─No sé si creer en esta magia, porque ya se sabe, todo esto sólo se ve en cuentos, películas. Lo que sí sé, es que me gustaría que fuera verdad, me gustaría tener poder, vencer la oscuridad y los monstruos. ¡Lástima que no exista de verdad!
Su madre cogió sus manos con firmeza y, con una cara muy solemne porque la ocasión así lo requería, le murmuró muy lentamente al oído.
─Esto es lo que crees.
Joël la miró, sorprendido, con unos ojos que brillaban de curiosidad y de ilusión.
─¿Qué significa eso? ─preguntó, emocionado.
Su madre acarició sus cabellos y depositó un beso en su frente.
─Pronto cumplirás diez años, y no puedo permitir que sigas sufriendo por miedo. Está decidido, es hora que empiece tu iniciación.
─¿Iniciación? ─repitió Joël con expresión incrédula─ ¿Qué quieres decir con esta palabra?
─Quiero decir que es hora que te revele  mis secretos.
Joél se sentó en la cama y la miró, con los ojos brillantes de curiosidad. Sin darse cuenta, estaba apretando sus manos con todas sus fuerzas, como para pedirle que siguiera hablando. Pero su madre permaneció callada y le hizo esperar un poco más para conseguir captar toda su atención. Cuando ya no pudo más, Joël le preguntó en voz baja:
─¿Qué clase de secretos?
Su madre tosió un poco para darse importancia, respiró hondo cerrando los ojos y con voz misteriosa le contestó:
─Antes de revelártelos, es necesario que prometas, mejor dicho que jures, que no revelaras nunca esta conversación a nadie, pase lo que pase.
─Te lo juro mamá.
─Ahora estamos hablando de magia, y no debes llamarme mamá. En este momento, no es tu madre la que te está explicando sus secretos, sino Morgane.
─¿Morgaaaaane?
─Shhh! No hables tan fuerte. Este es mi nombre de hechicera, y debe permanecer en secreto. No lo conoce nadie, ni siquiera tu padre.  Sólo lo puedo revelar a alguien que tenga fe, alguien que esté dispuesto a aprender el arte antiguo.
─¿El arte antiguo?
─La magia, esto es lo que significa.
─Yo quiero aprender mamá, digo…Morgane.
─¿Quieres vencer el miedo?
─Si, quiero hacerlo.
─Entonces, debemos empezar a prepararte cuanto antes. Te voy a entrenar para esta lucha.
─¿Lucha? ─preguntó Joël asustado─. No sabía que tuviera que luchar, ¿contra qué? ¿contra quién?
─Hemos hablado de vencer el miedo, ¿recuerdas? No hay victoria sin lucha.
─¿Contra qué enemigos tendré que luchar?
─Contra las sombras, los fantasmas, contra los monstruos que pueblan tu noche.
─¿Donde los encontraré, donde tendré que luchar?
─Cuando estés listo, cuando llegue el momento, tendrás que adentrarte para la gran lucha en su territorio, en un paraje misterioso y peligroso.
─De qué lugar estás hablando? ─preguntó Joël asustado.
─Te estoy hablando del Bosque del Miedo.




Capítulo 2 

El círculo mágico


─El Bosque del Miedo ─repitió lentamente Joël─,  solo el nombre me pone los pelos de punta, no soy muy valiente, no sé si voy a ser capaz.
─Claro que vas a ser capaz. Tú eres hijo de Morgane, y esto te hace capaz de cualquier cosa que te propongas. Es importante no sólo que lo comprendas, sino que también te lo creas y lo recuerdes.
─De acuerdo ─contestó Joël,  intentando animarse─ voy a conseguirlo.
─Bien, esto es exactamente lo que quiero oír. Para empezar, y como primera lección, te voy a enseñar un ritual de protección.
A Joel, La idea pareció gustarle porque sus ojos se encendieron. Ahora estaba prestándole toda su atención a su madre. Sentado en su cama, esperaba expectante su relato.
─Cuando vayas a la cama cada noche, repetirás los gestos que te voy a enseñar, te protegerán de cualquier peligro. El ritual consiste en formar un círculo mágico donde nada ni nadie podrá entrar.
─¿Funciona de verdad? ─preguntó Joël asombrado.
─Ya lo creo, lo usan todos los brujos, hechiceros y magos. Se trata de una protección infalible. Para conseguirlo, te sentarás encima de tu cama y repetirás estas palabras mágicas:

Invoco a los guardianes de los cuatro elementos: los del Este, Señores del aire, los del Norte, Señores del fuego, los del Oeste, Señores del Agua, y los del Sur, Señores de la tierra, para que me protejan este círculo. ¡Bienvenidos sean!”

Luego, empezando por el este y en sentido contrario a las agujas del reloj, dibujarás un

círculo imaginario alrededor de ti y pronunciarás estas palabras:
“El Círculo está sellado por el poder de los Guardianes. Que estos me guíen y me protejan”.
Joël abría ojos como platos. Estaba claro que las palabras mágicas le habían  impresionado, y que estaba decidido a tomarse muy en serio estas recomendaciones.
─¿Quieres que probemos ahora?
─ ¡Vale! ─contestó con los ojos brillantes.
Se puso de pie en la cama. El pijama con dibujitos de elefantes y el pelo alborotado le daban un aire cómico, pero él estaba muy serio. Repitió lentamente con su madre las palabras mágicas, trazó con el brazo extendido el círculo mágico y se volvió a sentar, satisfecho.
─Esta es tu primera lección y quizás la más importante. El círculo mágico te protegerá de todo lo que te da miedo durante la noche. Si te quieres levantar, lo abrirás en sentido contrario y cuando te vuelvas a acostar, deberás volver a cerrarlo. Mañana por la mañana, lo abrirás y agradecerás su protección a los guardianes. ¿Lo has entendido?
Joël asintió sonriente. Ahora estaba más tranquilo. Estaba convencido que el ritual lo protegería y ya no sentía esta opresión en el pecho que le impedía dormirse cada noche.
─Morgane, ¿Cuándo será la segunda lección?
─Mañana.
─¿Y qué es lo que me enseñaras?
─Mañana, escogeremos tu nombre mágico.
─Un nombre mágico ─repitió el niño, admirado─, voy a tener un nombre mágico.
─Desde luego. Es necesario elegir un nombre de poder y quiero que lo tengas antes de adentrarte en el bosque del miedo. Ahora, intenta dormirte. Me gustaría que mañana me contaras tus sueños si los recuerdas.  Pueden ser importantes.
─¿Para qué?
─Esto lo verás en la próxima lección jovencito. Ahora, tienes que dormir. ¿Estarás bien?
Joël asintió con la cabeza y se acostó sonriente. El ritual parecía haberle tranquilizado y reconfortado. Poco después de darle un beso y arroparle, su madre abandonó la habitación, con la esperanza de que tendría una noche tranquila.
Pero con la oscuridad, volvieron las sombras, los fantasmas y los demonios que venían como cada noche a atormentarle. Cerró los ojos para no verlos y empezó a vislumbrar caras de color amarillento, que se iban deformando hasta disolverse. Cuando se dio la vuelta en la cama, y puso la cabeza debajo de la almohada, empezaron los crujidos por debajo. ¿Qué clase de bicho podía estar acechando en la oscuridad?
Sintió que se ahogaba, y sacó la cabeza de debajo de la almohada para poder respirar. Ahora le parecía oír gemidos y sintió un aliento gélido rozar su cara. Se tapó inmediatamente la cabeza con la sábana. Alguien estaba allí, en su habitación, observándole, respirando su aire, pero este alguien no podía tocarle, ni hacerle daño.  El círculo le protegía, de esto estaba seguro, se lo había dicho Morgane y había pronunciado unas palabras mágicas que parecían auténticas. Sin embargo, debía ser prudente. La protección se limitaba al círculo imaginario. No se atrevía a sacar un brazo o una pierna fuera de él, pues sabía que allí donde acababa el círculo empezaban las tinieblas.
            Joël se quedó muy, muy quieto, y poco a poco empezó a notar como el silencio se apoderaba de la habitación, hasta que se durmió. En su sueño volvió a ver a Morgane explicándole el ritual, pero ya no tenía el aspecto habitual de su madre, sino que iba vestida como una hechicera medieval con un sombrero de pico y una capa de terciopelo negra forrada de rojo. En su mano sostenía una larga vara mágica que emitía destellos de colores.
            Poco después, se encontraba en plena naturaleza a punto de entrar en un bosque. Algo le impedía hacerlo y la voz de Morgane le prevenía.
            ─Aún no estás listo Joël, créeme. Una primera lección no es suficiente para este desafío. No tienes nombre mágico, ni aliados, ni guías. Debes prepararte para la lucha.
            En aquel instante Joël oyó un extraño ruido, parecido a un grito o un silbido. Levantó la cabeza y observó un halcón volando en el cielo. No sabía si era amigo o enemigo pero se quedó fascinado mirando cómo se acercaba directamente hacia él.
            Sin saber por qué, levantó el brazo con el puño cerrado, y se dio cuenta de que llevaba un guante de cuero. El ave bajó en picado y vino a posarse sobre su brazo. En aquel preciso instante se despertó.
            El sol inundaba la habitación. ¡Por fin la noche había acabado! Sintió ganas de levantarse de un salto pero al último momento se acordó del círculo. Se levantó de pie encima de la cama, abrió el círculo en sentido de las agujas del reloj, y agradeció a los cuatro guardianes de los elementos su ayuda y protección.


Capítulo 3

Kilian, el pequeño guerrero


Joël estuvo intentando hablar con Morgane durante todo el día pero no hubo forma de dar con ella. Sólo encontró a su madre que le explicó con firmeza que había un espacio y un tiempo para todo, y que Morgane le haría saber cuando había llegado el momento de la segunda clase. El día resultó tan aburrido como cualquier otro y transcurrió sin ninguna sorpresa. Después del desayuno, acudió al colegio como cada día y después de clase volvió a casa, y tuvo que hacer los deberes. Mientras cenaba con sus padres, se preguntó cuántos días tendría que esperar para la siguiente lección y se sintió decepcionado. Nunca había tenido mucha paciencia, la verdad es que odiaba esperar.
            Después de cenar y de lavarse los dientes, se fue resignado a su habitación.  Decidió esperar a que Mamá viniera a darles las buenas noches antes de dibujar el círculo mágico. Tardó en aparecer pero cuando lo hizo, comprendió que algo iba a revelarle. Entró en la habitación con una expresión muy solemne y cerró la puerta detrás de ella.   
            ─¿Estás preparado para tu segunda lección jovencito?
            ─Lo estoy mamá, digo Morgane.
            ─Bien, antes de todo quiero que me expliques como te fue el círculo mágico. ¿Funcionó? ¿Te sentiste protegido?
            ─Bueno, no me quitó el miedo, no me impidió ver y oír cosas, pero conseguí dormir mejor. Sabía que dentro del círculo no podía pasarme nada.
            ─¿Confías en su poder, en la protección de los guardianes?
            ─Claro que sí.
            ─Es un buen comienzo, porque sin fe, sin confianza, no hay magia. Háblame de tus sueños. ¿Recuerdas algo?
            ─Te vi en sueños, ibas vestida de hechicera con un sombrero de pico y una capa negra…
            ─¿Forrada de rojo?
            ─¿Cómo lo sabes?¿Cómo lo has adivinado?
            ─Esto forma parte de mi poder y no te lo puedo explicar. Continúa con el sueño.
            ─Me encontraba a la entrada  de un bosque y oía tu voz que me avisaba. Me decías que aún no estaba aún preparado para entrar. Entonces vi un pájaro.
─¿Qué clase de pájaro?
─Un halcón, un halcón que vino volando hacia mí,  se posó sobre mi brazo.
Morgane le sonrió y le dio un beso en la frente. Parecía satisfecha.
─ ¡Enhorabuena  Joël!, ya has dado el primer paso, has conectado con un aliado. Y has tenido suerte, el halcón es muy poderoso.   
─¿Mi aliado? ─repitió el niño asombrado.
─Ya lo entenderás cuando llegué el momento. Este  será tu aliado de vanguardia, tu explorador, el que irá de avanzadilla y te abrirá el camino. Pero no es el único. Deberás encontrar otro, quizás le descubras en sueños, quizás le encuentres en la calle por casualidad, ya lo veremos.
Y ahora, quiero que me prestes mucha atención, porque te voy a revelar, el que va a ser a partir de ahora tu nombre mágico.
Joël ardía en deseos de saber más. Iba a tener un nombre mágico. Se sentía importante y poderoso como un hechicero, aunque se estremecía al pensar en la futura batalla, en el bosque del miedo.
Morgane cogió sus manos, y con una voz profunda y solemne declaró:
─Considerando tu propósito, tu edad, y tu coraje al decidir enfrentarte a tus miedos, he escogido para ti un nombre que encierra mucho poder. Es un nombre gaélico.
─¿Gaélico?
─De origen celta.  Joël, a partir de ahora, y siempre que estés practicando magia  solo o conmigo, te llamarás Kilian.
─¿Kilian?
Joël estaba sorprendido pero parecía encantado.
─Me gusta. ¿Tiene algún significado?
─Por supuesto que sí. Significa “pequeño guerrero”
Joël se quedó en silencio, como asumiendo este nuevo nombre y su implicación. Al cabo de unos instantes, preguntó a Morgane:
─¿Qué tengo que hacer ahora que tengo un nombre mágico? ¿Me vas a enseñar algo más esta noche?
─Por supuesto Joël. A partir de ahora, y cada noche recibirás las enseñanzas que te prepararán para la gran lucha. Durante el día, seré tu madre, y no hablaremos de nada que guarde relación con la magia, pero al anochecer, cuando entre en tu habitación seré Morgane y tú serás Kilian, el pequeño guerrero.
─¿Y por qué no Kilian el guerrero? Suena mucho mejor.
─Porque aún no eres un guerrero, de momento sólo eres un aprendiz, Todavía no has entrado en el sendero del guerrero.
─¿Qué debo hacer Morgane?
─Tu primera tarea, será de encontrar tu segundo aliado, el de la retaguardia. Será el que te protegerá y cuidará tus pasos, cuando te adentres en el bosque del miedo.
─¿Dónde lo encontraré?
─En un lugar especial, no se trata de  ningún lugar físico. Es un espacio difícil de definir. No es real, ni tampoco imaginario, no pertenece al mundo de los sueños, pero tampoco al mundo cotidiano. Cuando lo conozcas, lo entenderás. Para acceder a él, tienes que aprender  a recorrer el camino del bosque.
─¿Me vas a enseñar ahora?
─Así es. Primero de todo, vas a formar tu círculo mágico. Esto es imprescindible porque es muy posible que te quedes dormido sin darte cuenta.
Joël procedió lentamente y sin equivocarse a llamar a los cuatro guardianes de los elementos, luego dibujo lentamente el círculo con el brazo extendido y se estiró expectante. Su madre le empezó a hablar muy lentamente.
─Ahora, cierra los ojos y respira lentamente. Quiero que te imagines que vas caminando por el campo. Intenta verlo, pero sin forzar. Si no consigues ver la imagen, no te preocupes, ya aparecerá.
─Veo la imagen─ murmuró  Joël─, pero es un poco borrosa.
─No importa, relájate y no te preocupes por nada. Esto no es un ejercicio, es un paseo. Fíjate en todos los detalles y si quieres, me puedes ir diciendo lo que ves.
            ─Debe ser otoño porque hay muchas hojas secas en el suelo. Crujen al pisarlas. Voy caminando hacia un sitio que me recuerda mi sueño. Es como un bosque pero bastante pequeño. Me faltan aún algunos metros para llegar a la entrada. El cielo es oscuro, con muchas nubes.
            ─Cuando llegues a los árboles, detente, no entres en el bosque.
─¿Qué debo hacer?
─Tienes que buscar un caminito que baja hacia un río.
            ─Me voy acercando, pero no veo el camino. Espera, ahora si me parece ver algo pero no es un camino.
            ─¿Qué es lo que ves?
            ─Es una escalera, pero es como si estuviera cavada en la roca, está cubierta de musgo.
            ─Muy bien Kilian, esta escalera te llevará al camino. Pero ahora, voy a tener que dejarte, te tocará recorrerlo solo.
            ─¿Te vas a marchar?
            ─Así es, pero no debes temer. El camino no encierra ningún peligro, por lo que puedes estar tranquilo y relajado. Cuando me marche, deberás bajar los escalones contando lentamente desde diez hasta cero.
─¿Qué pasará entonces?
─Cuando llegues a cero, entrarás en un pequeño arbolado donde corre un riachuelo. Fíjate atentamente en todo los que ves. Deberás recordarlo, sin olvidarte de ningún detalle, para contármelo mañana.
─¿Estarás bien?
─Creo que sí, hasta mañana
            Morgane salió sin hacer ruido de la habitación y cerró la puerta.

Joël no había tenido tiempo ni ocasión de acordarse del miedo. No había abierto los ojos, para no perder de vista la escalera, tenía mucha curiosidad en saber qué le esperaba después. Estaba concentrado en iniciar su extraño paseo. Seguía parado delante de los primeros escalones que cada vez se veían más nítidos. Ahora, le empezaban a llegar sensaciones. Primero notó como una pequeña brisa fresca acariciaba su mejilla, luego percibió un olor a tierra mojada y justo un instante después, oyó el murmullo del agua.
Respiro hondo, y puso con precaución en el primer escalón, al mismo tiempo que contaba hacia atrás.
─Nueve.
El contacto con la piedra le sorprendió. Sintió algo fresco, húmedo y mullido bajo sus pies. Cuando los miró, se dio cuenta de que estaban calzados con unos mocasines de piel. Su pijama y zapatillas habían desaparecido, ahora vestía ropas extrañas, hechas de piel burdamente cosidas. Llevaba en bandolera una aljaba llena de flechas. Su primera reacción fue la sorpresa, pero al pensarlo mejor,  le pareció natural haber cambiado de atuendo. Al fin y al cabo, no podía explorar el bosque en pijama.
Intentó recordar los consejos de Morgane, y sus palabras “sin fe, sin confianza, no hay magia”. Luego, respiró hondo y  repitió en voz alta con convicción
─Soy Kilian, el pequeño guerrero, y debo vestir como tal.
Siguió contando escalón tras escalón, como se lo había indicado Morgane. Ocho, siete, seis… A medida que bajaba, tenía la sensación de percibir todo con más nitidez, los colores se volvían más brillantes, los olores más pronunciados.
─Cinco, cuatro, tres, dos, uno, y por fin… ¡cero!
 No ocurrió nada. Miró en torno a sí, cautelosamente. Debajo de la escalera,  comenzaba un camino que se adentraba en la vegetación, que formaba un sotobosque bastante espeso. Caminó lentamente hasta llegar al riachuelo, donde corría un agua cristalina entre las rocas. Parecía pura y deliciosamente fresca, así que no resistió la tentación de probarla. Se arrodilló sobre el musgo y acercó la boca para beber con delicias el agua que fluía. Mientras saciaba su sed, le pareció oír un suave crujido de ramas secas, justo detrás de él. Había alguien ahí, estaba seguro. Se dio la vuelta inmediatamente, y miró entorno a sí, pero no vio nada. Se levantó y continuó su camino, intrigado. Estaba seguro de no haberlo soñado, alguien le había estado observando. No sentía miedo, pues Morgane le había asegurado de que su viaje no entrañaba riesgo, pero sí una mezcla de inquietud y curiosidad. Unos segundos más tarde, volvió a ocurrir, volvió a oír un ruido, de hojas secas. Se paró en seco, dudando de lo que tenía que hacer, y decidió no darse la vuelta. Sin saber muy bien por qué, decidió sentarse en el suelo y esperar. Al cabo de unos segundos, notó un golpecito suave, justo en medio de la espalda, como un pequeño empujón. Procurando moverse lo menos posible, miró muy despacio hacia atrás. Entonces lo vio.
 En un primer momento, se quedó petrificado por la impresión. El animal era imponente, negro y peludo, y le estaba mirando fijamente.  Sus ojos severos parecían leer en su mente. Kilian notó como un escalofrío recorría su espalda en sentido ascendente y se estremeció. Pero no era miedo lo que sentía. Simplemente estaba impresionado por el aspecto y el semblante fiero del magnífico lobo que se había sentado justo detrás de él. Muy suavemente, se giró y extendió su mano hacia el animal. Le enseñó la palma de la mano, dejó que la olfateará, y con mucha delicadeza acarició su hermoso pelaje negro brillante. El animal cerró los ojos, aceptando la caricia. Entonces supo que había encontrado el segundo aliado, el de la retaguardia.
─Hola Kilian, soy Bleiz ─murmuró el lobo negro, en algún lugar de su mente.
─¿Quién eres  Bleiz?
─Soy tu aliado, el de la retaguardia, velaré por ti y protegeré tus pasos.
─Me alegro de contar contigo Bleiz, te necesitaré.

Reanudó su marcha, seguido por el lobo que caminaba unos metros detrás de él. Unos segundos después, salieron a una pequeña pradera. Kilian miró al cielo y vio como caía en picado hacia ellos el halcón, su primer aliado. Levantó el brazo, y esperó a que el ave se posara en él.
─Eres tal y como te soñé.  Tú eres mi primer aliado, ¿verdad?
El pájaro asintió.
─Me llamo Saor, y volaré delante de ti, para asegurarme de que tu camino sea seguro.
─Me alegro de conocerte Saor, y me siento muy contento de tenerte como aliado.
Saor le miró con fiereza, emitió un suave silbido y volvió a levantar el vuelo. Kilian lo contempló con admiración, y continuó su camino, con el corazón contento.  Arriba en el cielo, Saor su primer aliado, volaba en círculos, vigilando el camino desde el aire. Detrás de él, a algunos metros de distancia, caminaba el poderoso Bleiz, atento a todo lo que ocurría, dispuesto a cualquier cosa para protegerle. Además, tenía su nombre mágico, su nombre de poder, y le parecía de repente más fácil la idea de adentrarse en el bosque del miedo.




Capítulo 4

El héroe y el duende negativo


─Me parece que has tenido una gran suerte al encontrar este segundo aliado ─aseguró Morgane─.  Bleiz, es la palabra celta que significa lobo. Es el mejor acompañante que podías soñar. Es un maestro, un profesor, un guía. Normalmente suele actuar como un aliado de vanguardia, pero tú ya tenías uno. Ya habías conectado primero con el halcón, lo que también es fantástico. Por su capacidad de elevarse, podrá prevenirte de todo. ¿Cómo dijiste que se llamaba el halcón?
─Saor, creo recordar─ murmuró Kilian. Aún se emocionaba al recordar la experiencia de la noche anterior, como había encontrado el sendero del bosque, y sus dos nuevos amigos,  Saor y Bleiz.  
Morgane sonrió.
─Saor también es una palabra celta, significa libre. ¡Un buen nombre para un halcón!
Kilian había esperado todo el día con impaciencia el reencuentro con Morgane. Antes de llamarse Kilian y recibir lecciones de magia, retrasaba todo lo posible el momento de retirarse a su habitación. Sin embargo, ahora lo veía llegar con ilusión y muchos nervios. Era mágico en todos los sentidos.
Morgane le  miró y le sonrió con una mezcla de satisfacción y orgullo.
─Estoy muy impresionada por tu primera experiencia Kilian, no sólo has sido capaz de encontrar el sendero, sino que has visualizado todo con una precisión extraordinaria. Encontrar a tus dos aliados tan rápidamente es un buen augurio. Significa que tienes predisposición para la magia, jovencito. Eres un buen alumno.
─¿Así que pronto me adentraré en el bosque del miedo? ─preguntó Kilian con expresión seria.
─No tan de prisa, pequeño guerrero, aún no estás preparado. Te falta aprender  algunas cosas, y conectar más estrechamente con tus aliados. Deberás aprender a comunicarte con ellos sin palabras. Y debes saber que no sólo iras acompañado por Saor y Bleiz.
─¿Tengo que encontrar más aliados? ─preguntó Kilian intrigado.
─No, pero tendrás otros dos acompañantes.
─¿Quién más vendrá conmigo?
─Tu dos nuevos compañeros son el optimista y el pesimista, o les podríamos llamar el héroe y el duende negativo. Siempre te han acompañado aunque no les hayas visto nunca.
─¿Cómo dices? ¿Que estos dos han estado siempre a mi lado?
─A tu lado, dentro de ti, como lo quieras llamar.
─¿Para qué?
─No tienen un propósito, una función determinada. Simplemente están aquí y actúan.
Kilian se frotó la cabeza, y suspiró.
─Creo que no entiendo nada…
Morgane se sentó al lado de Kilian y alborotó sus rizos pelirrojos.
─Verás, es más fácil de lo que parece. A veces, cuando vas a hacer algo atrevido, como saltar de un lugar muy alto, enfrentarte a un compañero mucho más grande y más fuerte que tú, en el momento en que estas a punto de actuar, algo dentro de ti , como una vocecita te frena y te dice “ ¡para, para, no lo hagas, no seas tonto, no lo vas a conseguir!.  
 ─Si ─asintió Kilian─, me ha pasado muchas veces, y en el último momento uno se echa atrás, claro.
─¿Sabes quién es el dueño de esta vocecita que te frena? Es la del duende negativo. Te hace dudar, te limita, te empequeñece, no te deja crecer.
─¡Vaya con el duende! ─murmuró Kilian pensativo─ ¿y el otro?
─El otro funciona justo al revés. ¿No te ha pasado que a veces te encuentras en una situación difícil o peligrosa, y reaccionas sin pensar con mucho valor, o con mucha rapidez?
─No sé, no te comprendo…
─Imagina que estas cruzando la calle y de pronto te das cuenta de que viene un coche o un camión a toda velocidad. Te pones a correr sin pensarlo y en estos momentos, corres mucho más rápido de lo que habías hecho nunca. El que te ha impulsado a actuar así es tu héroe, el optimista, un especie de doble tuyo, pero parecido a Superman. Le podríamos llamar Súper Kilian, Súper K.
─¿Son reales los dos? ¿Existen de verdad el duende negativo y Súper K?
 ─Sí y no. Existen, pero en la vida diaria no les puedes ver. Sin embargo, si estás atento, te darás cuenta de cuando te habla el duende negativo, y de cuando te inspira Súper K.
            ─¿Y en el camino del bosque?
            ─Allí les verás tan claramente como has visto a Saor y Bleiz. No tienen nombre,  son dos versiones distintas de ti. Se te parecen, uno mucho más pequeño, otro más grande.
─Así que cuando entre en el  Bosque del miedo, ¿iré acompañado de todos estos… amigos?
            Morgane se echó a reír de buena gana.
            ─En efecto, tú, tus dos aliados Saor y Bleiz, tu duende y Súper K. Ya lo ves, no estarás solo.
            ─Mejor así.
            Kilian se sentía satisfecho. Las cosas habían cambiado mucho desde que su madre le había revelado su faceta de hechicera. Tenía un nombre mágico, dos aliados muy poderosos y un súper doble. El duende negativo no le parecía tan útil, pero tampoco le temía, no representaba un peligro. También tenía un ritual de protección que le mantendría a salvo, hasta que fuera capaz de adentrarse en el Bosque del Miedo.
Antes de que se fuera Morgane, invocó a los cuatro guardianes y cerró de un gesto decidido el círculo mágico alrededor de su cama. Nadie le podía hacer daño, le protegían los guardianes de los elementos y de los puntos cardinales.

Como cada día empezó a ver sombras danzar en las paredes, a oír ruidos extraños, pero intentó no dejarse llevar por el pánico. Probó a cerrar los ojos y aparecieron de nuevo las odiosas caras amarillas que se retorcían, se deformaban y se descomponían.
Empezó a respirar lentamente, profundamente, como se lo había enseñado Morgane. Cerró los ojos pensando en encontrar la escalera, la que le conducía al sendero del bosque. Mientras intentaba concentrarse en esta idea, se repetía una y otra vez “Yo soy Kilian, Kilian el pequeño guerrero, y pronto, muy pronto conseguiré vencer el miedo”.
Las caras amarillas dejaron de retorcerse y empezaron a difuminarse, hasta desaparecer. En su lugar, apareció la imagen reconfortante y tranquila del campo abierto. Caminó hacia la escalera y empezó la cuenta atrás mientras bajaba los escalones. Una vez abajo, oyó el murmullo del rio. Llamó a Saor y a Bleiz mentalmente y poco después,  aparecieron. Bleiz caminaba silenciosamente unos metros detrás, mientras Saor volaba en círculos en el cielo.
Kilian saco de su aljaba una flecha, tensó el arco, y apunto hacia un viejo tronco que se encontraba al otro lado del río. La flecha silbó en el aire y se clavó con firmeza en la madera. De esta manera, sin que le temblara el pulso y sin cuestionar su capacidad, iba a vencer el miedo, era capaz de hacerlo. Era Kilian, el pequeño guerrero, hijo de Morgane la hechicera y estaba casi preparado para la gran lucha. Se sintió tranquilo, poderoso y con este animo firme y sereno, se adentró en la vegetación.


Capítulo 5 

El Triskel Celta


Los días transcurrieron con rapidez, y las prácticas se sucedieron trayendo cada día experiencias nuevas. Kilian había conocido por fin a sus dobles, el pequeño y el grande. Había aprendido a hacer caso omiso a la voz del duende negativo y a dejarse ganar por el optimismo absoluto de Súper K. Había aprendido a caminar con sus aliados. Ya se comunicaba con los cuatro sin necesidad de hablar, porque había conseguido conectar íntimamente con ellos. Apreciaba la silenciosa compañía de Bleiz, su mirada severa, su fuerza tranquila. El indómito Saor era un compañero más distante,  pues pertenecía al cielo y al viento. Sin embargo lo admiraba y le respetaba, sabía que podía confiar en él porque siempre acudía a su llamada.
Kilian había dejado de preguntarse cada día cuando iba a terminar su iniciación. Parecía que no iba a llegar nunca el momento y la paciencia no era su fuerte, pero había aprendido a esperar. Una noche, cuando menos se lo imaginaba, Morgane entró en su habitación con una sonrisa enigmática, y un extraño collar en la mano.
─Ha llegado la hora Kilian, estás preparado.
─¿Cómo? ¿La hora de qué?─ balbuceó nerviosamente sin poder creer que realmente había llegado el gran día.
─La hora de adentrarte en el Bosque del Miedo.
Kilian no pudo evitar estremecerse, pero sonrió. Estaba dispuesto para la lucha. Su madre pasó alrededor de su cuello el collar que le había traído. Era un largo cordón de piel, del cual colgaba un extraño símbolo de metal que no había visto nunca antes. Estaba formado por tres brazos curvados dentro de un círculo
            ─ ¡Qué medallón más extraño! ¿Qué representa?

            ─Esto Kilian, es el Triskel celta, el círculo divino.
            ─Nunca había oído este nombre antes.
            ─ El Trískel es un antiguo símbolo de poder. Representa el principio y el fin, la eterna evolución y el perpetuo aprendizaje. Las tres espirales en movimiento se consideran   manifestaciones de Dios. Ser portador del Trískel, es un honor que sólo los druidas podían ostentar. Pero además, desde el punto de vista mágico el Trískel es un talismán y según las leyendas puede curar, quitar la fiebre, aliviar heridas. Te lo regalo porque siempre me ha acompañado, y porque sirve para dar paz de espíritu y estado de ánimo a aquellos que lo tocan. Sólo hace falta relajarse y observarlo para  lograr un estado de tranquilidad y paz interior.
 ─Increíble ─musitó Kilian─ es un medallón mágico.
─Creo que te vendrá muy bien tenerlo para la gran lucha, será una ayuda más.
─¿Vas a quedarte conmigo esta noche?
Morgane cogió las manos de Kilian y le miró directamente a los ojos.
─Es tu momento, es tu lucha, porque son tus miedos. Tú y sólo tú puedes acabar con ellos, y debes hacerlo sin mí. Pero recuerda, no estarás sólo. Te acompañaran tus dos aliados,  tus otros dos acompañantes, y también tu Triskel.
─Estoy nervioso ─murmuró Kilian­­.
─Lo sé ─le tranquilizó Morgane─, y es normal, hoy es un día importante para ti, llevas días preparándote para este acontecimiento. Pero no estoy preocupada, sé que lo harás bien. Y ahora, voy a dejar que te prepares. Sobre todo recuerda formar tu círculo mágico antes de empezar la experiencia.
Morgane depositó un beso en su frente y al hacerlo, se dio cuenta de que sus ojos estaban llenos de lágrimas. Le abrazó y le animó.
─No hay peligro físico Joël, el miedo sólo existe en tu mente, y los monstruos son sus proyecciones. No eres tú el que va a entrar en el Bosque del Miedo, sino Kilian, el pequeño guerrero, acompañado de Bleiz y Saor. Todo irá bien, y apuesto que saldrás muy cambiado de esta aventura, saldrás feliz y por supuesto victorioso. ¿Recuerdas lo que te dije?
Kilian asintió.
─Sin confianza, ni fe, no hay magia.
─Esto es, y sé que tienes ambas cosas, lo lograrás.
Morgane salió de la habitación y le dejó a solas para que pudiera con sus preparativos. Kilian formó el círculo mágico con más seriedad y cuidado que de costumbre, y, antes de apagar la luz, contempló durante largos minutos el medallón mágico. Le parecía ver como los brazos iban girando lentamente, aportándole paz y concentración. No pensaba en nada, estaba tranquilo, nada más.
Al pie de la escalera, le esperaban sus dos aliados. Bleiz vino a su encuentro y posó su hocico en su mano, como para darle ánimo. Saor se acercó volando y con mucho cuidado se posó en su hombro.
─Los dos estamos contigo Kilian, estamos preparados ─dijo Bleiz.
No había oído sonido alguno, solo este pensamiento en su cabeza y su corazón.
─Nosotros dos estamos aquí también, listos para lo que haga falta─ añadió con voz animosa Súper K.
Kilian le miró, y le vio por primera vez. Era una réplica de sí mismo o mejor dicho una versión más grande de su propio cuerpo. Caminaba orgulloso a su lado derecho, y parecía dispuesto a todo, a comerse el mundo, a escalar montañas o luchar contra cualquier adversario.
─No le escuches Kilian, aún estas a tiempo de volver atrás ─murmuró el duende negativo.─ ¿Por qué arriesgarte a entrar en el Bosque del Miedo? ¿Qué necesidad tienes de luchar? Ya crecerás, tus miedos desaparecerán solos, no hace falta combatirlos.
Kilian miró la diminuta imagen de sí mismo que iba corriendo a su izquierda, y que intentaba minar su confianza, no por maldad, sino simplemente porque era su naturaleza.
─¡Cállate duende! Joël quizás te haría caso pero Kilian no, así que no te canses, no voy a desistir antes mismo de intentarlo.
Kilian puso su mano sobre su pecho y tocó el Triskel. Estaba caliente y parecía vibrar, estaba lleno de energía.  Supo que también estaba de su parte y esto aumentó su  confianza. Se pusieron en marcha silenciosamente.


 Capítulo 6

El bosque del miedo


Llevaban un rato caminando, bordeando el río, hasta que de repente describió un brusco bucle hacia la derecha, perdiéndose en la vegetación. Kilian se detuvo, indeciso. El sendero en este mismo lugar se bifurca. A la derecha, un tramo más ancho seguía el recorrido del río, a la izquierda el camino se iba estrechando progresivamente y desaparecía entre los árboles. Kilian sintió que el Triskel ardía en su  pecho. Necesitaba ayuda para tomar una decisión.
Saor captó su llamada silenciosa y levantó el vuelo para reconocer el terreno. Planeó hacia la derecha, por encima del río, y vio que el sol brillaba con fuerza, que la vegetación estaba exuberante y el ambiente luminoso. Describió un amplio círculo y volvió al punto de partida. Luego, siguió desde el cielo el recorrido del sendero hacia la izquierda. Se percató de que la vegetación se hacía cada vez más densa, más enmarañada, casi no podía distinguir desde el aire lo que ocurría abajo. Todo era oscuro, misterioso, y casi tétrico. No había duda posible.
Se dejó caer en picado y de un silbido alertó a Kilian.
            ─Si de verdad quieres entrar en el Bosque del Miedo, debes coger el sendero de la izquierda.
            Reanudaron la marcha sin pronunciar palabra. Pronto la vegetación se hizo muy espesa. Las zarzas invadían el camino, el sendero parecía desdibujarse progresivamente, el sol no conseguía atravesar la densa copa de los árboles. Todo se volvía más oscuro.  El duende que curiosamente llevaba mucho rato callado empezó a parlotear.
            ─Yo no sé qué pensáis vosotros, pero yo creo que esto no nos lleva a ninguna parte. Deberíamos volver atrás.           
─¡Cállate cobarde! ─intervino  Súper K.─ Como siempre buscas excusas para huir.

─No hablo de huir, sino de pensar.
─Aquí no hay que pensar tanto, hay que actuar, y si no hay peligro, hay que ir a
buscarlo. Para esto hemos venido aquí.
            ─¿Bleiz?  ─preguntó Kilian al lobo─ ¿Tú qué opinas?
            El lobo posó su mirada severa sobre el duende y su compañero más optimista.
            ─Estos dos son muy exagerados Kilian, no los escuches, busca el camino del medio.
            ─¿El camino del medio? No… no te entiendo.
            ─Ni hay que huir y volver atrás, como aconseja el duende negativo,  ni hay que buscar el peligro y la lucha, como propone Súper K. Vamos a tomar una decisión menos radical, vamos a continuar, simplemente, esperando lo que tenga que venir Lo que tiene que ser será.
            ─Que así sea, pues, el camino del medio.
            Poco después de reanudar la marcha, el camino empezó a ascender bruscamente a la vez que se estrechaba peligrosamente. Saor aprovechó para elevarse en el cielo y todos comenzaron a escalar penosamente. El paisaje había cambiado, habían salido de la llanura y ascendían lentamente por la falda de una montaña. Después de una hora de dura caminata, llegaron a un pequeño mirador, una zona completamente plana. La montaña se acababa bruscamente, como si la hubiesen cortado, y se abría delante de ellos un peligroso precipicio. En el fondo, se divisaba el río, que parecía inalcanzable…
            ─ ¿Qué hacemos ahora? ─preguntó el duende─ No podemos continuar, aquí se acaba el camino. No hay salida, ni forma de bajar por el precipicio. No deberíamos haber entrado en el bosque.
            ─No, no, no, todas tus frases empiezan por no, ¿crees que lamentándote nos ayudas en algo? ─le reprendió Súper K., que por una vez no sabía qué proponer.
            ─Justo antes de llegar aquí ─recordó  Kilian─ me ha parecido ver un gran árbol , con una forma extraña. Su tronco parecía hueco, formaba como una entrada.
            ─Esperadme ─propuso Bleiz─, voy a comprobarlo.
            Bleiz volvió sobre sus pasos y desapareció durante unos minutos en la vegetación, Poco después, estaba de regreso con buenas noticias.
.
            ─Tenías razón, Kilian  dentro del árbol hay una gruta, muy profunda y muy oscura, no se ve el fondo. Quizás nos conduzca a otro lugar. Podemos probarlo, no tenemos mucha elección.
             ─Será una trampa, estoy seguro ─gimoteó el duende asustado.
            ─Será nuestra ocasión de luchar ─ fanfarroneó Súper K─, vamos a demostrar de lo que somos capaces.
─Será una de las primeras pruebas ─suspiró Kilian─. He venido aquí a superar los miedos, a vencer los temores, y esto es exactamente lo que pienso hacer. ¡Seguidme!
Mientras volvía sus pasos, Kilian agarró fuertemente el Triskel, y empezó a murmurar “dame fuerza, y dame paz”. Repitió estas palabras varias veces, hasta que  sintió como le respondía, latiendo en su mano. Esta sensación, le levantó los ánimos, y se sintió de pronto más tranquilo, y más optimista. Poco después, llegaron al viejo árbol, cuya apertura parecía un pozo de negrura infinita. Saor, reacio a entrar en un espacio cerrado decidió conservar su puesto de observación en el cielo, sabiendo que aquí en tierra no les podía ser de ninguna ayuda. El duende, asustado, se escondió detrás de las piernas de Kilian, mientras Súper K. intentaba adelantarse para entrar primero.
─ ¡Quieto ahí! ─ordenó Kilian intentando disimular el temblor de su voz─, yo entraré primero.
Se hizo el silencio mientras daba el primer paso en la oscuridad, seguido de sus compañeros. Empezó a andar con precaución, ya que no se veía absolutamente nada, pero le dio la impresión de que a través del árbol, habían entrado en una gruta. Siguieron  andando durante un rato a ciegas, tanteando con la punta del pie el camino, deseando que sus ojos se acostumbraran rápidamente a la falta de luz.
De repente, un crujido fuerte se oyó detrás de ellos, y supo que la entrada se había cerrado detrás de ellos. ¡Estaban atrapados! No tuvieron tiempo de volver atrás y comprobarlo porque de repente, algo se empezó a mover. Algo enorme, sinuoso y muy rápido, empezó a dar vueltas, alrededor de ellos, cada vez más de prisa. Kilian se paró en seco, sin atreverse a dar un paso más, y notó como se le erizó el pelo. Empezó a distinguir algo, que se desplazaba furiosamente alrededor de la estancia, aunque no hubiera sabido decir qué era. Notó como se le formaba un nudo en la garganta y tuvo que tragar saliva varias veces.
─Madre mía ─se lamentó el duende, escondiéndose detrás de Bleiz─, ¿qué bicho es este? ¿Es una serpiente gigante o un dragón? Con esta oscuridad, no puedo verlo bien. Lo que si sé, es que es sobrenatural, monstruoso… ¡vámonos ahora que aún estamos a tiempo! Kilian, créeme no tienes ni una posibilidad de vencerlo.
─No estamos aquí para huir, además, estamos atrapados. Tendremos que hacer frente a lo que sea eso.
─Podemos con esto y con más ─replicó Súper K. haciéndose el valiente, pero curiosamente no dio un paso adelante.
─¿Bleiz?─preguntó Kilian mentalmente─ ¿A ti qué te parece?
El lobo se adelantó unos pasos con cautela. Primero se puso a olfatear insistentemente el suelo, después empezó a recorrer la gruta al trote, acercándose peligrosamente al monstruo.
─ ¡Qué valiente!─soltó con admiración Súper K.
─Más que valiente, yo diría que temerario ─murmuró el duende─ y a esto no lo llamaría valor, es simplemente inconsciencia…
El monstruo iba cambiando continuamente de posición y de forma, evitando el contacto con Bleiz y lo hacía con mucha rapidez. Kilian, estaba preparado, con todos los músculos en tensión. Sacó una flecha de su aljaba y estaba tensando el arco, intentando una y otra vez  apuntarlo, pero sin éxito. No había forma de que se estuviera quieto.
Decidió armarse de valor y acercarse más, dio dos pasos firmes hacia la bestia. Aquella cosa se transformó de pronto en un remolino de cenizas que empezó a levantarse hacia el techo de la gruta, adoptando la  forma de una gigantesca serpiente. Sus ojos malévolos brillaban en la oscuridad como ascuas. De repente, se irguió amenazante. Lanzó su enorme cabeza plana y su lengua bífida hacia Kilian, que reculó, tropezó y cayó de espaldas aplastando el duende.
─¡Socorro! ─chilló histérico el diminuto personaje, intentando sacarse al cuerpo de Kilian de encima.
─ ¡Dispara, dispara tu arco de una vez, justo entre los ojos! ─gritó Súper K. fuera de sí.
Kilian intentó Bleiz se acercó trotando, les rodeó y  dio un pequeño empujón con el hocico a Kilian, como lo solía hacer, justo en medio de la espalda.
─Levántate Kilian, y tranquilízate, aquí no hay nada.
En aquel momento la bestia emitió un silbido ensordecedor, que hizo huir el duende hacia la salida, y recular a Súper K.
─¿Y esto qué es? ─contestó el muchacho─, ¿es que no la ves? ¿Cómo puedes decir que no hay nada?
─Kilian, yo soy un lobo, veo con mis ojos, oigo con mis oídos, pero sobre todo olfateo. Y si te digo que no hay nada, es porque no veo, no oigo y sobre todo no olfateo  nada.
La serpiente enloquecida se puso a dar vueltas en círculo alrededor de la sala y finalmente se plantó delante de Kilian. Luego, se transformó en un monstruo informe de gigantescas garras y enorme boca de la cual salía un aliento fétido.
Bleiz sintió el pánico de Kilian y se pegó a él.
─Lo que sea que estés viendo, amigo mío, no existe. Es una creación de tu imaginación, un espejismo. Acércate y tócalo, tócalo sin miedo, sólo entonces desaparecerá.
Para entonces el monstruo se había convertido en un murciélago gigante que volaba sin rumbo en la cueva, dejándose caer sobre el duende y Súper K. que chillaban atemorizados.   
─Confía en mí ─insistió Bleiz─, confía en el Triskel.
Kilian agarró el medallón, respiro hondo y gritó con todas sus fuerzas.
─¡Ven a mí bestia inmunda! Soy Kilian el pequeño guerrero, y no te tengo miedo.
El murciélago abrió sus alas y escupiendo fuego cayó sobre él. Pero Kilian no se movió. Permaneció erguido, con la mano izquierda posada en el Triskel y el puño derecho hacia el cielo, desafiando la bestia.
Cuando el monstruo le alcanzó, no pudo evitar estremecerse pero resistió y no reculó. Empezó a bracear ferozmente para golpear el murciélago, pero sus manos no encontraron nada. Sus brazos le atravesaban, y se dio cuenta de que estaba hecho de humo, de negrura, era inconsistente. Lo atravesaba una y otra vez, y cuando parecía a punto de desvanecerse, se recomponía con otra forma. Kilian sabía que era su momento, que no podía abandonar. Luchaba con todas sus fuerza, luchaba con desesperación, pero sobre todo luchaba con fe. Le pareció que la batalla no iba a terminar nunca, pero siguió peleando con tenacidad y coraje hasta que al fin, consiguió vencer.
La bestia se desvaneció y cuando lo hizo, la luz inundó de repente la gruta.
Kilian se dejo caer de espaldas en el suelo, empapado de sudor, pero feliz, lanzando un grito de victoria.
─ ¡Kiliaaaaaaaan!
Entonces todos sus amigos, incluyendo el duende negativo gritaron su nombre al unísono, y luego se echaron a reír. En aquel momento,  Saor hizo su aparición en la cueva. Aparentemente había encontrado una entrada por el otro extremo.


 Capítulo 7

Los tres enemigos.


─ ¡Por aquí, hay una salida por aquí! ─gritó Súper K. siguiendo Saor que abría camino─. ¡Estamos salvados!
─Esto lo dirás tú ─refunfuño el duende─, aún no hemos salido del bosque.
─Ni vamos a salir todavía. ─advirtió Kilian─. Sería todo muy fácil. Dudo mucho de que nuestra excursión en el bosque haya terminado.
─Por qué lo dices? ─quiso saber Súper K.
─Porque  no creo que se puedan vencer todos los miedos en una sola batalla.
─¿Tenías muchos miedos antes?─preguntó el duende con cara recelosa.
─Tenía y sigo teniendo miedos. Todavía no puedo habla de ellos en pasado ─suspiró Kilian.
─Pero sí en presente ─intervino Bleiz─ ¿Puedes describirnos que es lo que te ha asustado hasta ahora?
─La oscuridad, las sombras…
─ Está claro, lo acabamos de ver, pero, ¿por qué te asustan?
─Porque no puedo ver, y no sé lo que me va a pasar, ni los peligros que puedo encontrar.
─Hablas de peligros, ¿la noche significa peligros?
─Para mí, si.
─¿Más que el día?
─Claro.
─¿Por qué?
─Porque no veo…
─Y entonces, imaginas…cosas malas.
─Sí, pero también están las voces, los susurros, las caras que se retuercen.  
─¿Por qué te dan tanto miedo? ¿Te hacen daño?
─No.
─¿Entonces?
─¿Entonces qué? No entiendo lo que me preguntas.
─Quiero hacerte ver que tu miedo es real pero no sus motivos. El miedo viene de una sensación de peligro, real o imaginaria, presente o futura. Se apodera de ti durante la noche, por la oscuridad. Para vencer el miedo deberás vencer tres enemigos.
─¿Tres enemigos?─repitió Kilian que estaba completamente perdido en las explicaciones de Bleiz.
─Las apariencias, los prejuicios, y la ignorancia.
─Con palabras no se vencen los enemigos ─soltó Súper K. que se aburría de tanto discurso.
─El miedo nunca se vence, sino miradme a mí ─gimoteó el duende.
Y todos, incluso Saor, se echaron a reír, todos menos el lobo que seguía muy serio.
─Luchaste contra un enemigo monstruoso hace un momento. Monstruoso, temible, terrorífico y que resultó ser… inexistente. Su apariencia te engaño. Te dejaste asustar por lo que creíste ver. A mí no me pasó, ¿sabes por qué? Porque no creí ver nada. Miré, escuché, olfateé, y no encontré nada.
─¿Y los prejuicios, qué son?
─Tener un prejuicio es tener una opinión sobre algo sin conocerlo. Por ejemplo tú, antes de entrar en la cueva, viste un lugar oscuro y tenebroso, y te pusiste nervioso. Empezaste a imaginar cosas, y pensaste donde hay oscuridad, hay peligro, y esto es un prejuicio. La noche te asusta, la oscuridad te paraliza, ¿Por qué? Porque caes bajo el poder de los tres enemigos: las apariencias, los prejuicios, y  la ignorancia.
─Ya me has explicado lo de las apariencias y los prejuicios pero… ¿y la ignorancia…por qué hablas de ignorancia?
─La oscuridad es un mundo desconocido. Tememos lo que desconocemos. Nos pasa a todos, incluso a mí.
─¿Y qué puedo hacer Bleiz?
─Aprender a conocer lo que te da miedo, acostumbrarte a lo que más te asusta,  y por último, usar la imaginación contra el miedo.
─¿Cómo?
─Impidiéndole  inventarse cosas negativas. Vamos a utilizarla para crear lo que queremos, lo que nos gusta, lo que nos hace sentir bien. Donde hay felicidad y alegría, no puede haber miedo.
─ ¡Ufff! ¡Qué complicado! Me había avisado Morgane de que eras un buen profesor, pero yo debo ser mal alumno porque no entiendo nada. No tengo ni idea de lo que debo hacer.
─Pues ya estamos saliendo de aquí ─interrumpió Súper K.─, o lo entiendes ya, o  vas a tener que improvisar.
 Habían salido de la gruta y se encontraban ahora delante de un río caudaloso que bajaba rápidamente por la vertiente de la montaña. La corriente era fuerte y formaba  grandes remolinos que levantaban nubes de espuma sobre las enormes  rocas de las orillas. Todos miraron a Kilian sin pronunciar palabra. Era su lucha, sólo él podía decidir lo que quería hacer. Bleiz miraba al horizonte, parecía tranquilo.
─Bleiz, yo…
─¿Tienes miedo?
─Un poco, no sé cómo voy a bajar este río, pero lo voy  a hacer, tengo que hacerlo.
Kilian miró atentamente a su alrededor y se dio cuenta de que grandes troncos de árbol se amontonaban cerca de la orilla.
─Chicos, ayudadme, vamos a coger este tronco tan grande, nos servirá de barca.
─Esto está hecho Kilian, me encantan los deportes de riesgo─ contestó Súper K. entusiasmado.
─¿Pero es que te has vuelto loco? ¿De verdad te imaginas que vamos a llegar enteros con esto? ─preguntó el duende con cara asustada─ yo no pienso jugármela.
─Entonces aquí te quedas, quejica ─ se burló Súper K. con una carcajada─, porque nosotros nos vamos.
─Nos veremos abajo─ declaró Bleiz─ yo no puedo bajar en este tronco, prefiero ir nadando detrás de vosotros.
─Pero hay mucha corriente, y los remolinos…
─Deja de pensar en los peligros, amigo, deja de imaginar lo peor, lo conseguiré. Y ánimo Kilian, tú también lo puedes conseguir.
Kilian no supo que contestar y suspiró. Ya no había vuelta atrás. Súper K. y el duende le esperaban, sentados  en el tronco.
─¿Estáis listos? ─preguntó con una voz temblorosa─ Súper K. hazme un sitio, yo iré delante.
─Yo no estoy listo, no estoy listo para ahogarme ─se quejó el duende─. Esto es de locos… Aún estamos a tiempo de echarnos  atrás, seguro que podríamos volver a la gruta y encontrar el modo de …
─¡Cállate duende! ─gritaron a la par Kilian y Súper K.─ deja de lloriquear.
─Por lo menos dejadme cambiar de sitio y ponerme entre los dos ─suplicó con voz llorosa─, odio el agua y no quiero ver cómo nos hundimos.
─Hazlo, pero hazlo ya─ ordenó Kilian─. ¿Estáis listos? Allá vamos.
Kilian y Súper K. se impulsaron con los pies y el tronco se precipitó en las aguas turbulentas. Kilian estaba asustado pero se agarraba con todas sus fuerzas, mientras notaba como el Triskel latía contra su piel. Súper K. gritaba y se reía a carcajadas, parecía disfrutar de la experiencia. En cuanto al duende, tiritaba en silencio, escondido  entre sus dos amigos, incapaz de pronunciar palabra.
Estuvieron a punto de chocar varias veces contra las rocas, pero milagrosamente consiguieron una y otra vez evitar los obstáculos y no caerse al agua. La bajada pareció eterna, el tronco rebotaba continuamente sobre las olas y bajaba descontrolado. Después de largos minutos de tensión y nervios, llegaron abajo empapados, pero sanos y salvos. El tronco perdió velocidad progresivamente y terminó por pararse cerca de la orilla.
Kilian y sus compañeros se dejaron caer en la hierba completamente agotados y se pusieron a reír todos juntos. Bleiz llegó poco después completamente empapado y después de sacudirse durante un rato, se acercó para unirse a la celebración.
─Enhorabuena Kilian, has superado otra prueba. ¿Cómo te sientes?
─No puedo creer que lo haya hecho, he tenido miedo pero lo he hecho. Me siento contento y satisfecho de haberlo intentado.
─Esto se llama valor muchacho, tener miedo y ser capaz de superarlo.
─Pues yo no he tenido ningún miedo ─fanfarroneó Súper K.─ el miedo para mí no existe.
─Lo tuyo no es valor ─bromeó Bleiz─, es pura inconsciencia.
─Y lo m­ío ─preguntó el duende─ ¿cómo se llama? Yo también tenía miedo y lo he hecho.
Todos se pusieron a reír a carcajadas, mirando como el duende empapado gritaba y saltaba sin parar.
─Tu también te has superado ─observó Kilian─, así que tú también has sido valiente.
─Entonces, ¿ya podemos volver a casa?─ preguntó el duende esperanzado.
─Me temo que no ─ respondió Kilian─, este viaje aún no ha acabado.
─No me digas… ¿Y qué más queda? ─gimoteó el diminuto personaje─. ¿Cuántas pruebas más vamos a tener que soportar?
─Nadie lo sabe ─murmuró Bleiz─. Tenemos que continuar  nuestro camino,  dispuestos a hacer frente a las pruebas que encontremos. Así que ¡en marcha!

Capítulo 8

Domar la imaginación


El camino se estaba haciendo cada vez más difícil, porque la vegetación cada vez más densa les impedía avanzar. Kilian pidió consejo a Saor,  pero el halcón le avisó, después de reconocer el terreno desde el aire, de que no tenían alternativa. Debían seguir. El desanimo cayó sobre el pequeño grupo que avanzaba en silencio, intentando no pensar en los zarzales que arañaban cruelmente sus piernas, y en la luz cada vez más escasa. Pronto se encontraron completamente perdidos, intentando abrirse paso en un túnel de vegetación exuberante, que parecía a punto de sepultarles.
─Estas lianas ─refunfuño el duende─ no son naturales. Parece que se van a abalanzar sobre nosotros, el bosque se está moviendo.
─Tienes razón ─murmuró Kilian─ son horrorosas, es como si nos quisieran asfixiar, se está cerrando sobre nosotros. Estamos atrapados, no podemos dar un paso más.
─Tranquilos, no hay nada que un buen machete no pueda solucionar ─fanfarroneó Súper K.
─Espera─ le avisó Kilian─. Me dan miedo, pero creo que nos están intentando decir o algo. Tenemos que parar y reflexionar.
─Bien pensado Kilian ─aprobó Bleiz─, suele existir una razón para todo. Debemos preguntarnos por qué la vegetación quiere que nos detengamos.
─Porque quizás hay algo aquí, algo que tengo que ver. Quizás hay una prueba que tengo que superar en este lugar. ¡Vamos a mirarlo todo chicos!
Kilian  empezó a examinar cuidadosamente los alrededores, los árboles, luego el suelo, apartando cautelosamente los zarzales. Hasta que Súper K exclamó:
─He encontrado algo, venid a verlo.
Todos se acercaron al chico que, arrodillado en el suelo miraba hacia abajo. Súper K. había descubierto lo que parecía ser la entrada de un pozo. Se asomaron prudentemente, pero estaba tan oscuro que no consiguieron ver el fondo. Sin embargo observaron, pegada a la pared húmeda cubierta de musgo, una escalera de cuerda con peldaños de madera.
─Espero que no me haréis bajar por aquí─ murmuró el duende con cara de angustia─, parece llevar al mismísimo infierno.
Nadie contestó, lo que significaba que por una vez, el duende no andaba desencaminado. Bajar en el pozo parecía muy arriesgado, pero no les quedaba muchas alternativas. La vegetación se había ido cerrando poco a poco alrededor de ellos, impidiéndoles avanzar o retroceder. 
Kilian llamó a Saor y le pidió que mirara desde el cielo donde se encontraban, y cuál era el camino a seguir. La respuesta fue inmediata. Habían llegado a un extremo del bosque, y no había salida posible. Saor explicó que desde arriba el bosque se veía   como una isla montañosa rodeada de una intensa vegetación, lo que sorprendió mucho a Kilian.
─Bleiz, me imaginaba que el Bosque del Miedo sería grande, casi infinito.
─Su aspecto lo dice todo Kilian, el miedo es como una región misteriosa dentro de tu mente, no muy grande, pero desconocida y profunda. El Bosque del Miedo, es esta isla, extraña, llena de túneles, pozos, montañas y criaturas imaginarias.
─ ¡Basta de charlas! ─intervino Súper K.─ necesito acción─. Entremos de una vez en el pozo.
─ ¡En el pozo no, por favor, en el pozo no!
 ─ ¡Cállate ya Duende!─contestaron todos al unísono, y se echaron a reír.
Saor no les acompaño, como era de suponer pero siguió volando en círculos atento a cualquier detalle. Nadie sabía dónde iba a  desembocar el pozo  pero Saor, al contar con la visión aguda de todos los halcones, conseguiría localizar a sus amigos en seguida. Cuando llegó el momento de bajar, Kilian observó a Bleiz, que estaba estirado delante del pozo, y no parecía tener la más mínima intención de moverse.
─¿No vienes?─preguntó Kilian sorprendido.
─Todavía no he aprendido a bajar por una escalera de cuerda. Soy un lobo ¿recuerdas? Tengo cuatro patas y mis limitaciones.
Era la primera vez que Bleiz demostraba sentido del humor y Kilian se rió de buena gana.
─Este pozo tan profundo es el corazón de tus miedos ─explicó el lobo─, tú, el duende y Súper K. tendréis que bajar. Yo os esperaré y os encontraré, donde sea que lleguéis. Y recuerda, el nombre de tus tres enemigos.
─Las apariencias, los prejuicios, y la ignorancia.
─Muy bien. Sepas que estarán acechándote allí abajo. Confía en tu poder, y en la protección del Triskel.
Después de pronunciar estas palabras, Bleiz desapareció. Kilian miró como se alejaba su amigo y se preguntó como lograría encontrar un camino entre la maleza, pero sorprendentemente, la vegetación empezó a abrirse lentamente para dejarle pasar. Estaba claro que  la prueba del pozo le estaba destinada a él, solo a él. Respiró hondo, apretó fuertemente el Triskel y se acercó al pozo. Le pareció ver luces brillantes en el fondo, o quizás eran los ojos de los monstruos que le esperaban, y se detuvo. Se repitió el nombre de los enemigos. Las apariencias, los prejuicios y la ignorancia. Después, como pudo, agarró el primer peldaño de la escalera, y tanteó para colocar el pie un poco más abajo. Le imitó Súper K. sin pensarlo dos veces.
─¿Y el duende? ¿Dónde se ha metido? ─preguntó antes de empezar a bajar. ¡Qué extraño!  
─De extraño nada ─se desternilló Súper K. ─el duende está escondido en tu Aljaba. ¡Míralo!
Kilian miró en la dirección indicada y vio una cabecita salir de entre las flechas. El duende estaba temblando y sus ojos reflejaban terror. Le dio pena de ver hasta qué punto el miedo lo paralizaba. Pensó que este ser diminuto era una parte de sí mismo, y esto le dio ganas, más que nunca de vencer sus miedos y superar la prueba.
Respiró hondo, agarró firmemente la escalera de cuerda y inició el descenso. En cuestión de segundos la luz se hizo más escasa, y pronto, se encontraron inmersos en la oscuridad más total. Kilian intentó relajarse y no pensar, pero la imagen de la gigantesca criatura de la gruta volvió a su memoria. Trató de recordar los consejos de Bleiz, y decidió que no, no se dejaría vencer por las apariencias, no dejaría divagar su imaginación.
 Tal como imaginaba, no tardaron en empezar los susurros, primero a penas audibles, luego más fuertes. Primero fueron  suspiros, gemidos, luego empezaron a sentir alientos gélidos sobre sus caras, y sus brazos. Kilian cerraba los ojos y apretaba los dientes, intentando recordar los tres enemigos. Sólo son apariencias, ilusiones, soy víctima de mi ignorancia.
─Súper K. ─llamó en voz baja.
─¿Qué? ─le contestó una vocecita asustada.
─¿Los oyes, los ves tú también? ─preguntó a su amigo.
Pero Súper K. sólo emitió un sonido ahogado. Por lo visto, él también estaba asustado.
─Recuerda lo que nos dijo Bleiz, no existen, ¿sabes? ─le dijo para concentrarse en algo─. Creemos que oímos  gemidos, pero ¿quién iba a gemir dentro de un pozo?
─¿Y los alientos? ─preguntó el duende.
─ Los alientos nos pueden existir, porque aquí estamos los tres, o sea que o los alientos son nuestros, o no existen.
─Pues no sabía que tu aliento apestaba tanto─ bromeó Súper K. para olvidar un poco su miedo.
Los tres se pusieron a reír a carcajadas, seguramente para olvidarse de dónde estaban, y lo que estaban haciendo. Pero pronto, volvió a instalarse el silencio, mientras seguían bajando.
Kilian decidió desviar su imaginación y su mente hacia otro tema pero le resultó imposible. No podía pensar en nada. Se lo impedían los ruidos extraños y los susurros insoportables. De repente, se le ocurrió que tenía que hacer ruido para no oír los gemidos, y se puso a cantar. Escogió una canción de pirata y la entonó con todas sus fuerzas. Entonces pudo oír gemidos reales, los de sus dos compañeros que no soportaban oír su voz resonar por las paredes del pozo. Como no había forma de hacerle callar, decidieron unirse a él y pronto el pozo entero se llenó de canciones.
Cantaban con tanto entusiasmo que tardaron en darse cuenta de las caras que habían ido apareciendo en las paredes del pozo. Caras fluorescentes, caras de ancianos, calaveras, que iban retorciendo con gestos de dolor. Cuando Kilian reparó en ellas, se paró en seco, el duende se puso a chillar, y Súper K. permaneció muy callado. Lo suyo eran los enemigos reales, no sabía cómo actuar frente a los imaginarios, le desconcertaban.
─No pueden hacernos daño─ murmuró Kilian sin demasiada convicción─, son creaciones de mi mente, puedo hacer que se transformen, debo transformarlos.
─¿Pero en qué?─ preguntó Súper K.
─En nada ─se lamentó el duende─ porque es imposible. No se puede transformar algo imaginario.
─Sí se puede ─le contradijo Kilian─ si este algo lo has imaginado tú mismo. Debo transformarles en algo que nos tranquilice, algo que no nos asustaría nunca.
─Pues transfórmalos en un personaje de dibujos animados, ¿porque no en el Conejo Buggs Bunny?─bromeó Súper K.
─No estaría mal, además todos lo recordamos,  no es difícil de imaginar… su color gris y blanco, sus orejas, su voz chillona.
─¿Qué hay de nuevo viejo?─soltó Súper K. imitando la voz discordante del conejo.
Kilian se rió de buena gana pero sacudió la cabeza.
─Creo que será mejor escoger algo más simple, más fácil de visualizar, algo que se disuelva, que vaya desapareciendo… como las pompas de jabón. Dejad que me concentre, tengo que intentar verlas.
Kilian cerró los ojos, mientras apretaba el Triskel con una mano y después de unos segundos empezaron a aparecer en su mente, burbujas de todos los colores, grandes y pequeñas,  elevándose lentamente en las paredes del pozo. Las calaveras, las caras fluorescentes de la pared se transformaron lentamente, para dar lugar a decenas, a cientos de burbujas de jabón de todos los colores que se hinchaban, explotaban y desaparecían…



 Capítulo 9

Dejando atrás el miedo


Consiguieron resistir al miedo, y empleando todos los recursos de su imaginación para superar el pánico, llegaron abajo. Al llegar a los últimos peldaños,  Kilian se sintió  especialmente satisfecho.  Tenía la garganta irritada de tanto cantar, y había contado cientos de burbujas, pero lo que le hacía más feliz era haber conseguido su objetivo, haber vencido sus enemigos. No se había dejado llevar por las apariencias, no había caído en la tentación de sus habituales prejuicios, y había evitado la ignorancia, reconduciendo su imaginación de forma divertida.
Saltó desde el último peldaño al suelo, seguido por Súper K. y empezó a mirar  entorno a sí, cautelosamente. La oscuridad era total,  pero aún así, se distinguía débilmente una luz lejana, al fondo de un túnel. Sin pensarlo dos veces, empezaron a caminar hacia ella. El duende por fin se animó a sacar la cabeza de la aljaba, y, al comprobar que no había peligro, se dejó caer en el suelo. Súper K. exhibía una sonrisa optimista. Se lo estaba pasando en grande. El pozo les había llevado bajo tierra, se dirigían hacia la siguiente prueba. Había pasado algo de miedo pero no se habían aburrido ni un instante.
¿Qué les esperaba ahora?
            Poco después, llegaron al origen de la luz. Descubrieron una gran sala iluminada por numerosas antorchas. La estancia se encontraba completamente vacía, y en el fondo, se distinguía una puerta. De la llave pendía un pequeño cartel que anunciaba:
            En la próxima prueba, tendréis que aplicar lo que habéis aprendido hasta ahora, y demostrar que habéis vencido definitivamente los tres enemigos.
Cuando  empujéis la puerta, no habrá vuelta atrás. Recordad, no podéis llevaros nada de la sala.
            ─Esto me hace mala espina ─gimoteó el duende─, ¿es que no va a acabar nunca este infierno?
            ─No te preocupes tanto ─le consoló Kilian─, hasta ahora, no nos ha ocurrido nada malo, así que vamos a ser optimistas.
            ─¿Qué sentido tiene el decirnos que no nos podemos llevar nada? ─se burló Súper K.─, es absurdo porque en esta sala, no hay nada.
            ─Sí que hay algo ─le corrigió Kilian ─ y algo muy importante.
─¿Cómo qué? ─preguntó Kilian.
─Fíjate bien, esta sala está iluminada por muchas antorchas.
            ─Si no nos podemos llevar las antorchas, significa que vamos a entrar en un sitio muy oscuro─ se lamentó el duende─, y yo estoy harto, de la oscuridad, los bichos, y de todo esto. Nunca me libraré del miedo. Me quiero ir a casa.
            ─Lo siento amigo, pero yo no puedo irme sin haberlo conseguido ─contestó Kilian─  tendremos que continuar. ¿Qué opinas tú Súper K.?
            ─Estoy contigo.
            ─Vámonos entonces─ decidió Kilian.
            Giró la gran llave, conteniendo el aliento, y preparándose para lo peor. EL duende lo había adivinado, seguro que la siguiente prueba tenía que ver con la oscuridad. Empujó la puerta que emitió un horrible chirrido, dio un paso hacia adelante y se quedó paralizado por la sorpresa. Detrás de la puerta no había absolutamente nada, por lo menos nada que el pudiera ver. La oscuridad era tan densa que no se distinguía ni el suelo, ni las paredes, ni el techo. Sintió los brazos del duende que se agarraban nerviosamente a su pierna, y oyó a Súper K. toser nerviosamente, detrás de él. Pensó por un momento en retroceder, empezaba a hartarse de tantas pruebas y se sentía cansado. Pero se acordó de Morgane, de Bleiz y no quiso fallarles.
            ─Ojala Bleiz estuviera con nosotros ─murmuró nervioso.
            ─Haz como si estuviera ─respondió Súper K.─¿Qué crees que te diría, si se encontrara aquí con nosotros?
            ─Probablemente me diría que no ve nada, no huele nada y que no hay absolutamente nada que temer…
            Una ráfaga de viento le interrumpió y hizo que los tres amigos se estremecieran. La puerta se cerró de golpe con un estruendo fuerte. Ya no había elección posible. Solo les quedaba la posibilidad de marchar adelante.
─¡Estamos atrapados! ─chilló el duende histérico─, no veo nada.
─Si hay viento, hay salida─ le tranquilizó Súper K. ─sólo hay que buscarla. Kilian, adelante, te seguimos.
Pero Kilian estaba tan bloqueado que no podía continuar. Empezó a mover los brazos en todas las direcciones  para ver si tocaba algo, pero no encontró nada. Tanteó con la punta del pie el suelo delante de ellos para asegurarse de que no había peligro y dio un paso adelante, rezando para no equivocarse. Afortunadamente, no ocurrió nada. Suspiró profundamente aliviado y se preparó para el siguiente paso.
─No quisiera darte prisas ─soltó de repente Súper K. ─pero a este ritmo, nos sale barba aquí dentro.
─No puedo ir más de prisa ─balbuceo Kilian.
─¿Por qué no pruebas de echarle algo más de… digamos de audacia?
─Es que estoy ciego ─se lamentó Kilian─ no me atrevo a dar un paso. Me da la sensación de que este sitio puede estar lleno de trampas, de agujeros, ¿qué sé yo?
─De esto va la prueba ─murmuró Súper K.─ esto te habría dicho Bleiz, tienes que atreverte, caminar en la oscuridad, controlar el miedo, confiar en ti mismo.
─Voy a hacerlo, voy a cerrar los ojos para no ver la oscuridad, y voy a conseguirlo.
─Con los ojos cerrados, también estás en la oscuridad, no comprendo la diferencia─ comentó Súper K.
─Bueno, me siento más cómodo así. Vámonos.
Kilian cerró los ojos, intentando olvidarse de todo. Podía imaginar cualquier cosa para olvidar su miedo, pero escogió simplemente concentrarse en sus pasos. Apretó el Triskel en una mano y empezó a andar.
─Cada paso me aleja más del miedo─ clamó en voz alta para darse valor. Cada paso me  acerca un poco más al nuevo Kilian, el que será capaz de dejar atrás para siempre los monstruos y las criaturas de la noche.
El camino para conseguirlo era largo y difícil, pero paso a paso, Kilian lo recorrió y poco a poco dejó atrás el niño temeroso que había sido siempre.
 Después de un rato caminando, Kilian y sus amigos chocaron contra lo que parecía una pared de piedra. Tantearon a tientas hasta que encontraron por fin una puerta.
─Ojala todo acabe aquí─ se lamentó el duende─ no aguanto más.
─Siento decepcionarte amigo ─contestó Kilian─ vamos a tener que  continuar. Tendremos que salir de aquí, y regresar a casa.
La puerta daba a una gruta, bañada por un río subterráneo. Allí, estaba amarrada una barca que parecía esperarles. Se subieron todos animosamente y, empezaron a remar. Poco después, el río salió a la luz muy cerca de donde se bifurcaba el camino inicial. Saltaron a tierra.
 Bleiz les estaba esperando sentado al pie de un árbol, en el cielo, Saor estaba volando en círculos, y cayó en picado hacia ellos.
─Creo que eso se acaba, amigos ─murmuró Kilian.
Saor se acercó volando hacia ellos y se posó muy cerca. Luego le miró a los ojos
─¡Hasta siempre Kilian, pequeño guerrero! Nos volveremos a ver muy pronto estoy seguro. Recuerda que si me necesitas, estaré allí. Siempre contestaré a tu llamada.
Luego, emitió un largo silbido de despedida, y se lanzó a la inmensidad del cielo abierto.
Bleiz se acercó y puso su hocico en el hombro de Kilian que se había arrodillado para despedirse de su amigo.
─Tu también te vas, Bleiz ─preguntó Kilian, con un nudo en la garganta.
─Así es Kilian, pero no es un adiós. Solo te digo hasta pronto. Ha sido un honor compartir esta aventura contigo, y ver cómo te has convertido en un autentico guerrero. Recuerda que siempre seré tu aliado. Así que si me necesitas, llámame.
─Adiós Bleiz, te echaré de menos. ¿Dónde irás ahora?
─Aún no lo sé. Pero de momento, voy a dar un paseo con Morgane.
Kilian se dio cuenta, sorprendido, que Morgane estaba llegado, a lo lejos. Iba vestida de hechicera, con su sombrero puntiagudo y su capa roja y negra.
─¿Conoces a Morgane?
Bleiz miró tiernamente a Kilian.
─Conozco a Morgane mucho antes de que llevara este nombre mágico, la conozco desde que era una niña, fui  su aliado durante muchos, muchos años. 
Morgane se acercó, abrazó a Kilian, le dedicó una sonrisa luminosa y se alejó acompañado de su viejo amigo Bleiz. Kilian imaginó que quizás a su misma edad, ella había tenido que adentrarse en el Bosque del Miedo y sonrió.
Se sentía un poco triste, por dejar atrás sus compañeros de lucha, y especialmente sus dos entrañables aliados Bleiz el lobo negro y Saor el Halcón. Los que sin duda permanecerían a su lado para siempre, eran el duende negativo y Súper K., pero sabía que a partir de ahora volverían a ser invisibles. El Triskel le seguiría acompañando, porque se había convertido en un talismán del cuál no quería separarse.
Kilian se sentía melancólico, como es normal sentirse cuando se acaban las cosas maravillosas, pero profundamente feliz de haberlas vivido. Se consolaba pensando que sólo tenía diez  años, y que ante él se abría toda una perspectiva de aventuras extraordinarias y experiencias inolvidables, descubrimientos maravillosos, y que gracias a Morgane, todo su vida tendría a partir de ahora un toque mágico.   
           
Y así acaba la historia de Joël, un niño como todos los demás que consiguió superar sus miedos para transformarse en Kilian, el pequeño guerrero. Convirtió su temor en coraje, se adentró en el bosque tenebroso, y allí venció las apariencias, los prejuicios y la ignorancia, dejando atrás el miedo para siempre.

  










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