jueves, 30 de abril de 2015

Redecorando mi vida...



Hoy me despierto  tarareando una vieja canción que me encantaba años atrás. No sé si la música proviene del exterior y se ha colado por la ventana abierta de me cuarto, o si nace  de lo más profundo de mi ser,  expandiéndose en mi cuerpo y resonando en mi cabeza, el hecho es que me siento en la cama recordando otros tiempos al son de esta melodía.

La primavera aprovecha el momento para saludarme con el beso matutino de su brisa floral, recordándome viejas promesas incumplidas.
" Hoy es el día", parece susurrar, inundando mi habitación con su fresco aroma de jazmín y rosas, "no esperes más, cada día es único, y nunca más volverá."
Así que me levanto de un salto, como lo solía hacer cuando era un poco más joven, con un propósito firme: hoy voy a redecorar mi vida.

Empiezo por desempolvar la desidia depositada día tras día en los muebles de mi cotidianidad, arranco de las paredes del alma el viejo papel pintado de la rutina, enrollo la confortable pero ya descolorida alfombra de la seguridad, me deshago de las sabanas de melancolía bordadas con encajes de soledad, y abro de par en par las ventanas de mi vida para dejar entrar los vientos del cambio.

Saco uno por uno los muebles del pasado, vacío los cajones del rencor, abro la nevera y tiro sin contemplaciones los sinsabores, los malos tragos, las rupturas y los fracasos, de los cuales me he ido alimentando en horas bajas. 
Ya lo tengo decidido, ya no voy a almacenar los malos recuerdos ni atesorar las horas buenas, a partir de ahora, voy a vivir al día.

"A veces, menos es más", me reafirmo mirando perpleja la casa vacía.
Ahora solo quedo yo, y esta eterna sensación de “yo soy” que me acompaña desde que puedo recordar. Me siento ligera, vacía, purificada. Ahora sí puedo volver a empezar.

Extiendo sobre la cama una sábana fresca de hilo, inmaculada como la página aún en blanco de la vida que me queda por escribir. Contemplo las paredes desnudas, y de pronto, se vuelven lienzo, esperando que pinte en ellas mis emociones. Naranja, color de la alegría, verde canto a la naturaleza, azul como el cielo en verano, arco iris como la risa de los niños, el recuerdo de un beso, el amor compartido.


Luego, miro con satisfacción mi vida recién pintada, me preparo un té de flores de olvido,  y lo bebo poco a poco, sorbo a sorbo, saboreando la libertad recobrada.

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