sábado, 11 de julio de 2015

6 de Junio, día D

 6 de Junio, una noche calurosa, como tantas… Te despiertas  repente y tu mirada adormilada busca la respuesta a tus preguntas en la pequeña pantalla del despertador. Estás muy dormida, a penas puedes leer, pero agradeces inconscientemente al inventor de las letras y números fluorescentes. Gracias a él, ya has conseguido leer al fin que son las cuatro de la madrugada.
Te revuelcas, agradecida. Un poco más de sueño, solo un poco. Luego a las ocho, tienes que levantarte y atender las obligaciones diarias. Las de siempre, y las intrusas, las nuevas, las más odiadas. Ponerle a tu madre las gotas como cada día, desde que se ha operado de cataratas… Dios mío, apenas me queda vida con tantas 
obligaciones, como odio eso, un poco más, solo quiero dormir un poco más.
Parpadeas un par de veces, no estás muy segura de si vale la pena volver a dormirte o si tienes que levantarte ya… ¿Qué día es? Sábado, murmura una vocecita en tu cabeza, puedes dormir un poco más
Un grito ahogado. Te sobresaltas. ¿Qué ha sido eso?
─Te has olvidado de la gota de tu madre ─murmura a tu lado tu marido, adormilado.
Vuelves a oírlo,  y se disparan las señales de alarma. En un estado de semi inconsciencia captas algunas palabras en francés, tu idioma, este que se te hace extraño después de 30 años lejos de casa…
─Viens vite! Ton père est tombé, je ne peux pas le relever…
Galvanizada por el instinto, te levantas, casi desnuda y corres desesperada escaleras abajo, intuyendo que algo anda mal, muy mal, que los tiempos tranquilos han acabado, que todo tu mundo se ha derrumbado.
Entras en la cocina y se te queda fijada para siempre en la retina una imagen espantosa. Tu padre, tumbado boca abajo en la cocina, con la cabeza aplastada contra el suelo, con un brazo retorcido en una postura anti natural en la espalda…
Tus ojos dilatados por el horror y la incredulidad miran si apenas creerlo tu nueva realidad. No puede ser, ha sido un mareo, nada grave, no hay sangre, el está hablando. Se pondrá bien, tiene que ponerse bien.
Le intentas levantar sin conseguirlo. El balbucea palabras incoherentes,  y pasa por tu cabeza la estúpida idea de que al caer, ha perdido su dentadura… Todo irá bien, le susurras, vamos a levantarte, dame la mano.
Tiene los ojos exorbitados, de un azul transparente, mirando hacia ninguna parte en un lugar del techo, no parecen verte. Su cara está extraña, rígida, su boca esboza un rictus trágico. No estás segura de comprender lo que ocurre. Por suerte llega la ayuda, los brazos fuertes del hombre que amas, el que siempre te da fuerza, protección, serenidad.
Consigue levantarlo y mientras te quedas colapsada enfrentándote a tus propios miedos y limitaciones, el actúa, llama a los servicios de emergencia, da órdenes, organiza, en una palabra, reacciona.
Tú estás colgando en algún lugar de una realidad distinta, la de antes, y no acabas de asimilar la realidad.
Llega la ambulancia, recoges sin apenas darte cuenta los documentos más imprescindibles, algo de dinero, llaves, móvil, y  entre sueños te oyes despertar a tu hijo…
─A tu abuelo le ha dado un ictus, nos vamos con la ambulancia.
Te  asombras del chillido ahogado que te contesta, pero no tienes tiempo para parar, para explicar, para consolar y te vas dejando detrás de ti una huella negra de desesperación.
Te vas con la sirena resonando en tus oídos, miras alucinada las calles de tu barrio, testigo impotente de tu propia pesadilla, y mientras te alejas dejando 
atrás la felicidad tranquila que hasta ahora había sido tuya, mientras agarras la vieja mano arrugada de tu padre que está luchando por su vida,  recuerdas sin apenas darte cuenta palabras de la niñez, viejas oraciones en una lengua que ni siquiera es tuya ya…
Je vous salue, Marie pleine de grâce le Seigneur est avec vous. Vous êtes bénie entre toutes les femmes et Jésus, le fruit de vos entrailles, est béni. Sainte Marie, mère de Dieu, priez pour nous, pauvres pêcheurs, maintenant et à l’heure de nôtre mort…


6 de Junio, aniversario del desembarco aliado en Normandía, día D para ti. Ahora ya sabes que nada va a volver a ser igual, que tu vida ya no te pertenece, que todo se ha derrumbado, te preguntas por qué y lloras lágrimas amargas, mientras la ambulancia se aleja, aullando con desesperación…

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